LA VESTUARISTA - Dolores Fuster

domingo, 26 de marzo de 2017


«Se conocen accidentalmente en un café de Getafe una tarde calurosa de fines de verano. Felipe queda profundamente enamorado de Elena, una misteriosa vestuarista de teatro que siempre busca tener la última palabra. Ella esconde una historia llena de turbulencias entre Madrid y Londres que le impide acercarse a los hombres, él es un muchacho indiferente que no tiene el valor para arriesgarse por amor.

Pero sólo un instante de conexión en sus caminos logró anudar un vínculo inquebrantable. Felipe, ese hombre tan desafecto, comienza a sospechar sobre el pasado de Elena, obsesionandose con descubrirlo. Llega hasta límites morales buscando excusas para no aceptar que cayó hechizado.


¿En qué momento la curiosidad se vuelve obsesión? La naturaleza humana puede llegar hasta rincones insospechados con tal de evitar un corazón roto, pero cuando el amor es genuino la fuerza que lo impulsa es imparable.
» 



¡Buenos días bonicxs! Como os anuncié la semana pasada, he estado de vacaciones unos cuantos días, motivo por el cual el blog ha estado completamente abandonado. Por suerte, estas mini vacaciones me han servido para volver con las pilas totalmente recargadas y, ¿qué mejor manera de demostrarlo que con una nueva entrada? Y ya que parece que esto trata sobre regresos, qué mejor que volver con las colaboraciones. Hoy le toca el turno a la autora Dolores Fuster, quien se puso en contacto conmigo hace un tiempo para ofrecerme reseñar su novela. Antes de nada quiero darla las gracias por haber sido tan amable y tan atenta, ya que con autores como ella da gusto continuar haciendo colaboraciones. Os adelanto que la novela me ha gustado pero que ha habido ciertas cosas que no acabaron de cuadrarme, pero bueno vamos a ir poco a poco. 

Como nos adelanta la sinopsis, Elena es una joven vestuarista que se encuentra en un café esperando a una amiga, pero en su lugar aparece Felipe, un joven interesante y misterioso. Entre ambos surge una conexión inmediata, que hará que ninguno pueda borrar de su mente ese encuentro. La vida de Elena no siempre ha sido tan fácil como puede parecer a simple vista, por ello trata de frenar los sentimientos que vuelve a sentir hacia Felipe, pero él no está dispuesto a ponérselo tan fácil.

La trama de la novela está muy bien estructurada y se nota que la autora tenía claro el propósito a seguir desde el primer momento. Cuando comencé a leer la historia de Elena y Felipe pensé que me encontraría con una novela romántica más, con la típica chica y chico se conocen y se enamoran inmediatamente y no son capaces de rehacer su vida porque se buscan continuamente hasta que acaban felices y comiendo perdices. En cierto modo, esta novela es algo parecido, pero incluye muchos matices que han logrado que no me desencantara conforme iba profundizando en la historia. El hecho de que Elena tenga tras de sí una historia importante que condiciona sus elecciones, creo que ha sido un punto a favor para la historia, especialmente por la libertad con la que la autora se adentra en esa parte, sin dramas ni tabús. Me gustó mucho la historia que envuelve a Elena, y como es capaz de explicar las decisiones que tomó en su momento, de manera libre, para reflejar la diferencia entre aquellas personas que acaban en ese mundo por obligación y necesidad, y aquellas que lo eligen de manera libre. Creo que es algo muy interesante que apenas se encuentra por este tipo de género. 


Es una novela que se lee en un suspiro gracias a su corta extensión (apenas 155 páginas). Esto fue algo que me gustó especialmente ya que llevaba unas semanas leyendo novelas con más de 400 páginas. Novelas que en la mayoría de los casos me causaron la impresión de tener más escenas de relleno que trama como tal. Esta novela ha sido justamente todo lo contrario. No pierde el tiempo incluyendo escenas que a fin de cuentas no aportan nada a la novela, sino que se limita a narrar lo importante, configurando la trama sin irse por otros derroteros.

Los personajes están bien estructurados, muestran una marcada personalidad, haciendo que sus decisiones y actitudes estén influidas por su manera de ser. Lo que me gustó fue su naturalidad, como la autora es capaz de dotarles de esa dicotomía tan humana entre el valor y la inseguridad, entre el miedo y la lucha. Es cierto que no llegué a empatizar totalmente con los personajes, pero a pesar de ello, les cogí cariño y me metí en su historia, especialmente en la de Elena. 


A pesar de todo lo positivo que tiene la novela, hubo varias cuestiones que hicieron que tuviese sentimientos encontrados con la historia de Elena y Felipe. Al poco de empezar con la historia, no comprendí muy bien el reencuentro que viven. Como ya sabéis no soy muy fan del instalove, pero soy menos fan de que habiéndose visto una vez, se amen como dos locos. Ciertamente no acabé de entender esa primera parte, es decir, se conocen a los 17 años y cuando vuelven a encontrarse, han pasado los años, pero Felipe siente la necesidad de buscarla, así porque sí. Soy una exceptiva del amor, así que esto me echó un poquito para atrás. Por otro lado, la autora no es española y eso se nota en ciertas expresiones que conforme iba leyendo me hacían volver a leerlas para poder comprenderlas en su contexto. Esto no es una crítica, ni mucho menos eh, solo digo que esto hizo que necesitase volver a releer ciertas frases para comprender las expresiones, pero no restó interés en cuanto a la historia. 


En definitiva, La vestuarista es una novela romántica perfecta para esas tardes de domingo en las que no sabes muy bien que leer pero necesitas una novela corta con una bonita historia de amor. Con un ritmo ágil y una narrativa amena, es una buena elección a la que merece la pena dar una oportunidad.

DIARIO DE DIEZ LUNAS – Carmen Garijo

domingo, 12 de marzo de 2017





«Mafias, blanqueo de capital, oscuras prácticas sexuales, detectives, asesinatos... y una mujer embarazada que tiene diez lunas para tomar las riendas de su destino.

Elena es una ejecutiva triunfadora que está a punto de acceder al puesto de directora de cuentas en la importante empresa de Publicidad y Relaciones Públicas donde trabaja. Su embarazo trastoca todos sus planes y la lleva a cambiar el rumbo de una realidad que solo aparentemente tenía bajo control.
»
 






¡Buenos días de Domingo bonicxs! Hoy os traigo la reseña de una de las últimas novelas que Edición Anticipada puso a disposición en papel. Llevo casi un año registrada en esta página y es la primera vez que he logrado hacerme con una novela en papel, así que me hizo especial ilusión conseguirla, y más porque tenía una pinta muy pero que muy buena. Nunca había leído nada de esta autora pero llevaba una temporada con el romance subidito así que necesitaba cambiar de género, y esta oportunidad me pareció perfecta. Desde ya os adelanto que la novela me ha gustado pero que no me aportó tanto como yo me esperaba al leer la sinopsis, pero bueno, vamos pasito a pasito (suave suavecito). 

Elena trabaja como ejecutiva en una empresa de publicidad y relaciones públicas. Es sobradamente valida y por ello se postula como una de las elegidas para acceder al puesto de directora de cuentas. Pero en medio de ese proceso descubre que está embarazada lo que complica su posible ascenso debido a la mentalidad del momento. Por si esto fuera poco, sin darse a penas cuenta se verá envuelta en una trama de corrupción que se está llevando a cabo dentro de la empresa y en la que están involucradas a su vez, muchas personas de su entorno. Desde ese momento, Elena no podrá parar hasta descubrir la verdad que se oculta tras los extraños acontecimientos que se están comenzando a desarrollar. Blanqueo de capital, mafias, amenazas y asesinatos son algunas de las cosas que van a rodear la vida de Elena.

La trama que nos plantea la autora resulta cuanto menos atractiva, y todo lo que promete proporcionar con su historia, hizo que mis expectativas fuesen quizás algo elevadas. Muchos comentaban que la novela pertenecía al género Domestic Noir, pero dentro de mi incultura referente a la jerga literaria, necesité buscar a qué hacía referencia dicho género. En resumidas cuentas se basa en el desarrollo de una investigación policial de sucesos en los que sin comerlo ni beberlo se ve envuelto el/la protagonista y todo es muy de andar por casa. Y efectivamente esa fue la sensación que me dejó finalmente la novela. Un buen desarrollo, una trama llamativa, una premisa prometedora pero que a fin de cuentas se quedó en algo entretenido que no logró culminar las pretensiones que para mí exponía. Esto no quiere decir que no haya disfrutado con la novela ni mucho menos. He disfrutado de la lectura y me ha mantenido atenta a lo que iba a ocurrir, pero no llegué a experimentar ese suspense que considero necesario experimentar en este tipo de novelas.


La lectura es bastante ágil y fresca teniendo en cuenta la extensión de la novela, pero hubo ciertos aspectos que no me acabaron de encajar. La narración se realiza en primera persona pero existen muchos diálogos, lo que aporta muchos matices a la historia. El problema fue que muchos de estos diálogos eran más bien monólogos. Conversaciones telefónicas en las que solo oyes lo que dice la persona que tienes al lado, pero no conoces las respuestas de su interlocutor. Esto me resultó extraño y no acabó de gustarme. Por otro lado se deja un poco de lado la trama de corrupción, lo cual es una lástima ya que la idea era muy atractiva, pero no tuve la sensación de que la autora la estuviese desarrollando, sino más bien, que se limitaba a incluirla de vez en cuando para amenizar la vida de Elena.


En cuanto a los personajes, tengo que decir que aunque están bien estructurados y podemos observar como su personalidad va cambiando conforme avanza la historia, hubo ciertos aspectos que no me acabaron de convencer. Mi principal problema lo tuve con Elena ya que en ocasiones me parecía una mujer fuerte y decidida, con valor para plantar cara a cualquiera, pero en el instante siguiente se volvía una persona terriblemente voluble e indecisa. Con el resto de personajes no logré empatizar ya que no hay ni uno bueno, solo se salva “ángel”, el resto son todos muy interesados y se venden al mejor postor, pero vaya, es lo que requiere la novela así que, bien por la autora.


Algo que me gustó y que merece la pena mencionar es la crítica feroz que se realiza a lo largo de la historia sobre la desigualdad de género en el mundo laboral. La novela se desarrolla en 1995, pero lo que nos queda excesivamente lejos, no es más que un fiel reflejo de aquello con lo que las mujeres tenemos que lidiar en pleno 2017. Elena nos muestra cómo tiene que competir con sus compañeros, no solo para optar al puesto de dirección, sino para demostrar día tras día, que el hecho de ser mujer no la convierte en menos valida. Se muestra la brecha salarial, la existencia de un techo de cristal y la dicotomía que muchas mujeres viven entre vida laboral y maternidad. 



En definitiva, Diario de diez lunas, es una novela ágil y amena que si bien no logró cumplir mis altas expectativas, me mantuvo entretenida y me hizo querer continuar leyendo. Si te gustan las novelas con una pizca de suspense, quizás deberías darle una oportunidad.

# NO SIEMPRE ESTOY BIEN

viernes, 10 de marzo de 2017


Como muchos ya sabréis, hace unos días una conocida autora decidió crear un hilo en twitter en el cual trató de mostrar cómo a causa de una enfermedad mental, no siempre estaba bien (hilo de Iria). Aprovechó también para hacer una crítica feroz a la estigmatización que existe en la sociedad sobre la enfermedad mental, pero esto lo dejo para otra reflexión. Yo no tengo una enfermedad mental. No sufro ansiedad ni depresión, pero lo he vivido en cierto modo y necesito vomitar aquí mi experiencia. Sin florituras, ni frases bonitas, ya que puede que nadie se pare siquiera a leer esto, pero aun así es lo que mi cabeza y en especial mi corazón han decidido contar.

Hace un año y medio me diagnosticaron Hipertiroidismo autoinmune por enfermedad de Graves Basedow. Antes de que nadie me juzgue, no, no me he vuelto loca, sé que esto no es una enfermedad mental pero lo que seguro que muchos no sabéis, al igual que no lo sabía yo en su momento, es que este tipo de enfermedades hormonales, conllevan una serie de desajustes emocionales que a fin de cuentas pueden desembocar en un problema mental. Al poco de comenzar a medicarme pasé por una depresión sin apenas ser consciente. La chica que siempre tenía una sonrisa preparada. La que siempre estaba de fiesta. La que valoraba todo lo que la rodeaba. La que disfrutaba con su familia y su pareja. La que siempre había sabido disfrutar de las pequeñas cosas de la vida. Esa chica de la noche a la mañana desapareció. En cierto modo, por unos meses simplemente, murió(metafóricamente hablando claro).

Comencé a volverme una persona apática, a no querer salir de casa, a no querer hablar con nadie, a no querer leer. Me veía fea, gorda y absurda. Me volví celosa, irascible y todo lo que los demás me decían, era un ataque frontal del que nunca iba a salir vencedora. Empecé poco a poco a odiar todo lo que me rodeaba y descuidé a todos los que, por suerte para mí, habían decidido quedarse, porque sí, cuando mi sintomatología comenzó a impedirme seguir con ciertos aspectos de mi vida como hasta el momento, muchos otros, decidieron marcharse. Mi cama se convirtió en mi lugar preferido y las cuatro paredes de mi habitación constituyeron mi bunker. 


Me despertaba triste y me acostaba llorando. Yo no era consciente de hasta qué punto la situación se estaba tornando insostenible, ya que simplemente me limitaba a sobrevivir. Lo más duro es que en ciertos momentos era consciente de que lo que me estaba ocurriendo no era normal, pero verlo en un momento de lucidez, no era suficiente motivo para estar mejor. Ahora lo pienso y me entra la risa porque estoy bien y porque he vuelto a ser esa Marta que tenía ganas de comerse el mundo. Pero siendo totalmente sincera, os reconozco que durante unos meses, el mundo fue quien me comió a mí. 


Esos momentos fueron extremadamente delicados, pero mucha gente no era capaz de comprenderme, y creo firmemente, que ni siquiera lo intentaron. La gente solo veía a una chica que no era capaz de ser feliz, una chica que había dramatizado su situación, pero de verdad, no podéis imaginar lo equivocados que estaban. Por suerte yo tenía a mi madre, que hacía años había pasado por la misma situación, y os juro que el tener al lado a alguien que no solo te entiende, sino que respeta cada jodido momento en el que necesitas llorar, es maravilloso. Mi chico, mis hermanos, mi mejor amiga. Todos me dieron la libertad para estar mal, porque sabían que ese estado no iba a durar eternamente, sabían que no siempre estaría mal, pero que tampoco podía estar siempre bien.

A día de hoy he vuelto poco a poco a ser esa chica que sonríe y que trata de reírse de la vida. Pero no os equivoquéis, el hecho de que no tenga una depresión, no implica que no tenga días malos. No por haber estado en el fango eso va a implicar que no vuelva a él, aunque tengo claro que solo pasaré de visita. Porque sí, soy la chica que sonríe, pero también soy la chica que llora como una niña con un libro, con una película o con la maldita muerte de Lucía en Los serranos. 


Sé que quizás a nadie le interese todo este sermón pero por favor, dejemos de frivolizar con aspectos tan importantes. No pretendamos mostrar una cara amable y sonriente al mundo simplemente por miedo a que nos juzguen, por miedo a que nos rechacen. Rompamos esa máscara que nos han impuesto y que nosotros mismos nos autoimponemos. Precisamente por esto os he contado mi experiencia. Lo que yo viví, y lo que en ocasiones aún vivo, como tú, como todos. Ojalá un día entendamos que es necesario estar mal alguna vez para poder disfrutar de todo lo que implica la maravilla de estar bien.